NUEVA YORK._ La “Misa del Gallo”, que rememora la advertencia de Cristo a Pedro de que lo negaría antes que el ave cantara tres veces, las compras de regalos, las fiestas residenciales que incluyeron el puerco y el pavo asado, las manzanas, las uvas, los vinos, los ponches, los rones, el arroz con gandules (moro) y las frutas no tropicales que nos recuerdan la infancia en aquellos barrios colgados en el alma que aunque aquí son cotidianos, representan del menú en la cena de noche buena, estuvieron presentes en la agenda de la mayoría de los dominicanos radicados en la metrópolis.
Obvio, que ni la bachata, el perico ripiao o el merengue orquestado, podían faltar para que después de cada cena, familias y visitantes, arrancaran con los estridentes acordes de nuestra música vernácula desde tempranas horas de la noche. Las benévolas temperaturas de estos días, favorecieron no sólo el ambiente, sino también el desplazamiento de miles de criollos a los más grandes centros comerciales de la ciudad, porque el también tradicional intercambio o “angelito” no podía faltar entre compañeros de trabajo, parientes y amigos. Mas<<<








